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sábado, 13 de noviembre de 2010

Moderar los deseos o inclinaciones.

La Temperancia
“¿No tengo derecho a hacer lo que se me antoje con mi cuerpo? -No, no tienes el derecho moral para hacerlo, porque de esta manera se violan las leyes de la vida y de la salud que Dios nos ha dado.  Somos propiedad del Señor, suyos por creación y suyos por redención.  "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".  Aquí se nos presenta la ley del respeto propio y la del respeto a la propiedad del Señor.  Esto llevará a respetar las obligaciones bajo las que está todo ser humano de preservar la maquinaria viviente, formada tan asombrosa y maravillosamente (Manuscrito 49, 1897).”

Según la define el diccionario la temperancia o templanza consiste en moderar los apetitos, los deseos o inclinaciones.

¿Saben cuántas veces debe repetirse un acto para que se transforme en un hábito? Aproximadamente 70 veces, se acuerdan cuantas veces Cristo le dijo a Pedro que debía perdonar, 70 veces 7, es claro que El quería que fuera un hábito en su vida, ¿no?
Por contemplación somos transformados.

¿Cómo fuimos creados originalmente? ¿Qué significa ser temperantes?
“El hombre salió de la mano de su Creador perfecto en su organismo y hermoso en su forma (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 7).
El hombre fue el acto culminante de la creación de Dios, hecho a la imagen de Dios, con el propósito de ser una copia fiel de Dios (Review and Herald, 18-6-1895).
Génesis 1:26 “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”
Originalmente la mente del hombre era la que dominaba sus apetitos e inclinaciones, y no estos a la razón.
Nuestros apetitos e inclinaciones . . . fueron establecidos divinamente y cuando fueron dados al hombre eran puros y santos. Era el propósito de Dios que la razón gobernara los apetitos, y que éstos contribuyeran a nuestra felicidad; y cuando están regidos y controlados por una razón santificada son santidad a Jehová (Manuscrito 47, 1896).”
¿El hombre se dominaba a si mismo? Vemos que no, que si bien la razón dominaba las inclinaciones, esta razón o voluntad estaba en armonía con la voluntad de su Creador. Y llevaba el sello de la Divinidad (Apoc. 14:1)
“Adán era un ser noble dotado de una mente poderosa, de una voluntad en armonía con la voluntad de Dios, y de afectos que se centraban en el cielo.  Su cuerpo no había recibido la herencia de ninguna enfermedad, y su alma llevaba el sello de la Divinidad”


¿Quién estableció nuestros apetitos e inclinaciones?
Los apetitos son los deseos, eso que tanto te gusta hacer, o comer, o compartir, lo que estas esperando con ansias desde que te acostas hasta que te levantas… ¿Eso significa que lo que como seres humanos nos gusta es lo que Dios quiere para nosotros? ¿Por qué vemos que lo que nos gusta no concuerda con lo que Dios quiere? Dios fue el que estableció en el ser humano los apetitos e inclinaciones, lo que pasa es que en un comienzo estos estaban de acuerdo con su voluntad:
“Nuestros apetitos e inclinaciones . . . fueron establecidos divinamente y cuando fueron dados al hombre eran puros y santos.  Era el propósito de Dios que la razón gobernara los apetitos, y que éstos contribuyeran a nuestra felicidad; y cuando están regidos y controlados por una razón santificada son santidad a Jehová (Manuscrito 47, 1896).”
¿Qué dice Pablo acerca de lo que el veía que ocurrió cuando conoció la voluntad la Dios para el?

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros.” Romanos 7:22,23

Pablo reconocía que había algo más fuerte que el que no podía dominar solo, una ley que era la del pecado, sobre sus miembros, que lo llevaban a hacer lo que no quería, una ley heredada…

“Porque no hago el bien que quiero; sino al contrario, el mal que no quiero, eso practico.” Romanos 7:19

¿Quién esta detrás de la intemperancia?
“Satanás reunió a los ángeles caídos para planear alguna manera de hacer el mayor daño posible a la familia humana. Se hizo una propuesta tras otra, hasta que finalmente Satanás mismo ideó un plan. Tomaría el fruto de la vid, como también el trigo y otras cosas dadas por Dios como alimento, y las convertiría en venenos que arruinarán las facultades físicas, mentales y morales del hombre y subyugaran de tal forma los sentidos que Satanás lograse el dominio completo.”

¿Como hace satanás para dominar nuestra voluntad?
El sabe que la única forma de lograr esto es haciendo que cedamos en nuestros apetitos, en el deseo en el comer y el beber:
“Satanás sabe que no puede vencer al hombre a menos que domine su voluntad.  Puede lograr esto engañando al hombre de tal forma que quiera cooperar con él en violar las leyes de la naturaleza en el comer y el beber, lo cual es transgresión de la ley de Dios (Manuscrito 3, 1897).”

¿Sabías que Eva creía que desobedecer a Dios en acercarse al árbol de la ciencia del bien y del mal no era algo tan pecaminoso o que tuviese consecuencias tan terribles? A que te hace acordar? Nunca escuchaste la frase: “¿Qué me hace un poquito de esto?”, o “ De algo hay que morir”. Esta actitud la heredamos todos.
“Por complacer su gusto, Eva transgredió el mandamiento de Dios.  El le había dado todo lo que sus necesidades requerían, pero ella no se quedó satisfecha.
Desde entonces sus hijos e hijas caídos han seguido siempre los deseos de sus ojos y de su gusto.  Como Eva, han desobedecido las prohibiciones que Dios ha hecho y han seguido en el camino de la desobediencia, y como Eva se han hecho la ilusión de que la consecuencia no habrá de ser tan terrible como se había sospechado (How to Live, pág. 51).”

¿Cuál es el resultado de no poner nuestros apetitos bajo el dominio de la razón?
La intemperancia de cualquier clase entorpece los órganos sensoriales y debilita de tal forma el poder cerebral, que las cosas eternas no son apreciadas, sino colocadas en el mismo nivel que las cosas comunes. Las facultades superiores de la mente, destinadas a propósitos elevados, son puestas en la esclavitud de las pasiones más bajas. “

El único medio por el que Dios se comunica con nosotros es a través de la mente, si esta no esta en el mejor estado posible se hace imposible para nuestro  Creador comunicarse con nosotros.

“Satanás se regocija al ver cómo la familia humana se hunde cada vez más en el sufrimiento y la miseria.  Sabe que las personas que tienen malos hábitos y cuerpos malsanos no pueden servir a Dios con tanto fervor, perseverancia y pureza como si estuvieran sanas.  Un cuerpo enfermo afecta el cerebro.  Con la mente servimos al Señor.  La cabeza es la capital del cuerpo. . . . Satanás triunfa en la funesta obra que realiza haciendo que la familia humana se complazca en hábitos que hacen que sus miembros se destruyan a sí mismos y unos a otros.  Por este medio despoja a Dios del servicio que le es debido (Spiritual Gifts, tomo 4, pág. 146).”

“Nuestra salud física es conservada por lo que comemos; si nuestros apetitos no están bajo el control de una mente santificada, si no somos temperantes en todo lo que comemos y bebemos, no estaremos en un estado mental y físico sano para estudiar la Palabra con el propósito de aprender lo que dicen las Escrituras: ¿Qué haré para tener la vida eterna?  Todo hábito malsano producirá una condición malsana en el sistema, y la delicada y viviente maquinaria humana del estómago resultará perjudicada, y no podrá realizar su trabajo debidamente.  El régimen alimenticio tiene mucho que ver con la disposición a entrar en la tentación y cometer pecado (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 61).”

¿Te acordas que Cristo venció donde nosotros caimos? El enemigo sabe que la única forma de llevarnos en un camino descendente a la perdición es comenzando a hacernos ceder en cuanto a lo que comemos, es lo primero con lo que tentó a Cristo, y El allí nos dejó un ejemplo (Lucas 4).
Cristo ayuno y presento un gran sufrimiento mientras transcuria el mismo porque sabia que el gran enemigo del hombre y el que sería su ruina era la complacencia del apetito:

“Muchos que profesan ser piadosos no investigan la razón del largo período de ayuno y sufrimiento de Cristo en el desierto.  Su angustia no se debió tanto a los tormentos del hambre como a su comprensión de los terribles resultados, en la raza humana, de la complacencia del apetito y la pasión.  Sabía que el apetito sería el ídolo del hombre y lo induciría a olvidar a Dios y que le estorbaría directamente el camino de su salvación (Redemption; or the Temptation of Christ, pág. 50).”
 ¿Hay alguna esperanza que nos impulse a colocar nuestra voluntad en las manos de Dios?
“Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Porque Dios hizo lo que era imposible para la ley, por cuanto ella era débil por la carne: Habiendo enviado a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justa exigencia de la ley fuese cumplida en nosotros que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.
Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu es vida y paz. Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.Así que, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
Sin embargo, vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Pero si Cristo está en vosotros, aunque el cuerpo está muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:1-10
Es imposible que los que complacen el apetito alcancen la perfección cristiana (Testimonies, tomo 2, pág. 400).
El Espíritu de Dios no puede venir en nuestro auxilio y ayudarnos a perfeccionar caracteres cristianos, mientras estemos complaciendo nuestros apetitos en perjuicio de la salud y mientras el orgullo de la vida tenga el dominio (Health Reformer, septiembre de 1871).”


Toda la degradación que vemos a nuestro alrededor, la violencia, el maltrato entre nosotros tiene un origen común y que cumple a la perfección con el plan original de Satanás de destruir en todo lo que pudiese a la raza humana:
“Los que se permiten a sí mismos convertirse en esclavos de un apetito de glotonería, a menudo van más lejos, y se rebajan complaciendo sus pasiones corrompidas, las cuales se han excitado por la intemperancia en el comer y beber.  Dan rienda suelta a sus pasiones degradantes hasta que la salud y el intelecto sufren grandemente.  Sus facultades de raciocinio están, en gran medida, destruidas por los malos hábitos (Spiritual Gifts, tomo 4, págs. 124-131).”

“Es imposible que los que complacen el apetito alcancen la perfección cristiana (Testimonies, tomo 2, pág. 400).
El Espíritu de Dios no puede venir en nuestro auxilio y ayudarnos a perfeccionar caracteres cristianos, mientras estemos complaciendo nuestros apetitos en perjuicio de la salud y mientras el orgullo de la vida tenga el dominio (Health Reformer, septiembre de 1871).

Nosotros también podemos vencer.
Nuestra única esperanza de recuperar el Edén es por medio de un firme dominio propio.  Si el apetito pervertido tenía un poder tan grande sobre la humanidad, que, a fin de quebrantar su dominio, el divino Hijo de Dios hubo de soportar un ayuno de casi seis semanas en favor del hombre, ¡qué obra está delante del cristiano!  Sin embargo, por grande que sea la lucha, éste puede vencer.  Con la ayuda del poder divino que soportó las más fieras tentaciones que Satanás pudo inventar, él también puede ser completamente victorioso en su guerra contra el mal, y finalmente podrá llevar la corona de victoria en el reino de Dios (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio, pág. 198)”

Muchos quieren la recompensa pero no están dispuestos a trabajar por ello.
“Muchos desean la recompensa y la victoria finales que han de ser concedidas a los vencedores, pero no están dispuestos a soportar los trabajos, las privaciones y la abnegación como lo hizo su Redentor.  Únicamente por la obediencia y el esfuerzo continuo seremos vencedores como Cristo lo fue.
El poder dominante del apetito causará la ruina de millares de personas, que, si hubiesen vencido en ese punto, habrían tenido fuerza moral para obtener la victoria sobre todas las demás tentaciones de Satanás.  Pero los que son esclavos del apetito no alcanzarán a perfeccionar el carácter cristiano.  La continua transgresión del hombre durante seis mil años ha producido enfermedad, dolor y muerte. -Y a medida que nos acerquemos al fin, la tentación de complacer el apetito será más poderosa y más difícil de vencer (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 422, 423).”

¿Cuál es el objetivo de Dios para nosotros?
El Señor busca restablecer su imagen en nosotros, eso significa que tanto mente como cuerpo deben estar en armonía con El, quiere reconciliarnos con El y luego transformarnos a nosotros en embajadores, osea, que llevemos a otros a reconciliarse con su Creador:

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.
Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios os exhorta por medio nuestro, rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios!” 2 Corintios 5:19-20

Para ser reconciliados primero debemos ser transformados en nuestro carácter:
“Nuestra obra en favor de los tentados y caídos alcanzará verdadero éxito únicamente en la medida en que la gracia de Cristo vuelva a formar el carácter, y el hombre sea puesto en relación viva con el Dios infinito.  Tal es el propósito de todo verdadero esfuerzo pro temperancia (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 399).”

La reforma surge desde adentro, ninguna circunstancia externa puede cambiarnos en algo.
“Los hombres no serán nunca temperantes hasta que la gracia de Cristo sea un principio viviente en el corazón . . . Las circunstancias no pueden producir reformas.  El cristianismo propone una reforma del corazón.  Lo que Cristo obra dentro, se realizará bajo el dictado de un intelecto convertido.  El plan de comenzar afuera y tratar de obrar hacia el interior siempre ha fracasado (Consejos sobre el Régimen Alimenticio, pág. 40).”

Muchas veces nos vemos tentados a decir: de a poco voy a dejar lo que Dios me pide y que se que  me hace mal, pero fíjense lo que nos dice El en relación a esto :
“…Cuando se hacen esfuerzos por ilustrarlos sobre este punto, algunos dicen: Yo me iré absteniendo de a poco.  Pero Satanás se ríe de tales decisiones.  El dice: Están seguros en mi poder.  No tengo nada que temer de ellos en este respecto.
Pero él sabe que no tiene ningún poder sobre el hombre que, cuando los pecadores lo incitan, tiene el valor moral para decir "No" honrada y positivamente.  El tal ha abandonado la compañía del diablo, y mientras se aferra de Jesucristo está a salvo.  Está donde ángeles celestiales pueden relacionarse con él dándole fortaleza moral para vencer (Manuscrito 86, 1897).”

Una buena manera de comenzar a realizar los cambios en nuestra vida es apoyándonos con quienes sabemos que aman a Dios y hacen su voluntad:
“...Acuda al Señor en busca de ayuda.  Vaya a aquellos que sabe que aman y temen a Dios, y dígales: Ténganme bajo su cuidado; porque Satanás me tienta furiosamente.  No tengo poder para huir de la trampa.  Guárdenme con Uds. a cada momento hasta que tenga más fuerza para resistir la tentación (Carta 166, 1903).”

¿Por qué tantos fracasan y se transforman en un mal ejemplo acerca de lo que Dios desea para sus hijos?
“Las tentaciones a la complacencia del apetito tienen un poder que puede ser vencido solamente por la ayuda que Dios puede impartir.  Pero con cada tentación tenemos la promesa de Dios de que habrá una salida. ¿Por qué, pues, tantos son vencidos?  Es porque no ponen su confianza en Dios.  No sacan provecho de los medios provistos para su seguridad.  Por lo tanto, las excusas que se presentan en favor de la complacencia del apetito pervertido no tienen peso delante de Dios (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 22).”

De nada sirven las buenas resoluciones que uno toma confiado en su propia fuerza.  No conseguirán todas las promesas del mundo quebrantar el poder de un hábito vicioso.  Nunca podrán los hombres practicar la templanza en todo sino cuando la gracia divina renueve sus corazones.  No podemos guardarnos del pecado ni por un solo momento.  Siempre tenemos que depender de Dios. . . .
Cristo llevó una vida de perfecta obediencia a la ley de Dios, y así dio ejemplo a todo ser humano.  La vida que él llevó en este mundo, tenemos que llevarla nosotros por medio de su poder y bajo su instrucción.”
“El Salvador llevó sobre sí los achaques de la humanidad y vivió una vida sin pecado, para que los hombres no teman que la flaqueza de la naturaleza humana les impida vencer.  Cristo vino para hacernos "participantes de la naturaleza divina", y su vida es una afirmación de que la humanidad, en combinación con la divinidad, no peca.”

Todo lo que hagamos tiene una consecuencia, Dios nos pide un TODO, no una porción de nosotros, requiere que demos una obediencia perfecta, para eso necesitamos a Cristo. El es el que hizo provisión para que seamos participantes de la NATURALEZA DIVINA y alcancemos ese ideal.
"hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia" (2 Ped. 1: 4).

“Mediante la oración, el estudio de su Palabra y el creer que su presencia mora en el corazón, el más débil ser humano puede vincularse con el Cristo vivo, quien lo tendrá de la mano y nunca lo soltará (El Ministerio de Curación, págs. 134-137).”

Nuestra tarea consiste en poner nuestra voluntad a los pies de Cristo

“Tu parte es poner tu voluntad del lado de Cristo.  Cuando le rindes tu voluntad, inmediatamente toma posesión de ti y obra en ti para querer y hacer según su beneplácito.  Tu naturaleza es sometida al dominio de su Espíritu.  Aun tus pensamientos le están sujetos.  Si no puedes dominar como quieres tus impulsos y emociones, puedes dominar la voluntad, y así se obrará un cambio total en tu vida.  Cuando rindes tu voluntad a Cristo, tu vida se esconde con Cristo en Dios.  Está aliada con el poder que está por encima de todos los principados y potestades.  Tienes una fuerza de Dios que te mantiene unido a su fuerza, y es posible para ti una nueva vida, la vida de la fe.”

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