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lunes, 18 de abril de 2011

La Dieta aprobada por Dios

"PUESTO que la mente y el alma hallan expresión  por medio del cuerpo, tanto el vigor mental como el espiritual dependen en gran parte de la fuerza y la actividad físicas; todo lo que promueva la salud física, promueve el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado.  Sin salud, nadie puede comprender en forma clara ni cumplir completamente sus obligaciones hacia sí mismo, sus semejantes, o su Creador.  Debiera cuidarse, por lo tanto, tan fielmente la salud como el carácter."
Elena G. de White, "La Educación", p.195

Frecuentemente salen en revista de actualidad y moda, dietas con distintos nombres (casualmente con nombres "astrológicos"), con distintas estrategías y marketing para lograr un único propósito: la figura que siempre soñaron, o simplemente que les entre aquel vestido que dejaron colgado en el armario lejos y hace tiempo. No solo debe ser sencilla una dieta tal, también económica, de corta duración, sabrosa, variada, que pueda ser ingerida en las comidas principales del día y entre horas... y que no llueva cuando la persona esté dispuesta a realizarla.

Obviamente, están las dietas que se venden en las revistas, pero las hay realizadas por un grupo de profesionales. Sin embargo, en este artículo no estudiaremos ni los desaciertos de la cultura popular, ni los dictamenes de la ciencia. Muy pocas veces uno puede detenerse a leer en internet artículos que detallen con claridad lo que Dios desea para nuestra vida, y para eso buscaremos su Voluntad en su Palabra, porque solo alguien que nos quiere mucho diría: "Amado, deseo que prosperes en todo, y que tengas salud, así como prosperas espiritualmente " (3 Juan 2).

No hay que buscar mucho para saber donde empezar. Si abrimos nuestras Biblias en el primer libro, el primer capítulo y el versículo 29, encontraremos cuál es el plan que Dios tenía para nuestras vidas: "Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer." (Gen. 1:29). Primera pauta a conciderar: el plan de Dios es que comamos frutas y semillas. Nada más (ni nada menos!).

Pero no todo sucedió como Dios quizo. El plan que Dios tenía para una humanidad sin pecado jamás cambió, sin embargo la degradación producto de habernos separado de nuestro Padre nos llevó en busca de otras combinaciones. Daría la impresión de un abandono por parte de nuestro Creador al leer el siguiente pasaje: "Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo." (Gen. 3:17-18) ¿Podría ser esto así? Cuando Cristo vino a la tierra, el vino para mostrarnos como era su Padre. Y refiriendose a este punto en cuestión, nuestro Salvador dijo: "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:9-11) Es que no fue Dios quién se alejó de nosotros al pecar en el Edén, "He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír." (Isaías 59:1-2) Por lo tanto, cuando leamos Génesis 3, recordemos el amor de nuestro Padre celestial. No fue por voluntad de Dios que nosotros trabajemos la tierra y comamos vegetales, sino por nuestros pecados, por habernos separado de Dios. En realidad, es un consejo que nos da nuestro Padre, Él sabía que el hombre buscaría otro tipo de fuentes alimentarias (y precisamente no eran frutas, cereales o vegetales). Así que con la introducción del pecado, también se introdujo los vegetales.

Hasta aquí, frutas, cereales y verduras... ¿y la carne? La historia continúa, y luego de la caida en el Edén, el mundo cada vez se pervirtió más y más, a tal punto que Dios tuvo que destruir su creación y salvar a quienes así lo desearan. Luego de este diluvio universal, nuestro Padre permitió el ingreso de la carne como alimento del hombre:  "Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo." (Gen. 9:3) Y volvemos a preguntar ¿era el plan de Dios? ¿Cuál era el plan original de Dios? Escuchemos nuevamente a Cristo, quien vino a presentarnos el carácter del Padre: "Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios." (Mar 10:5-6) Dios permitió el ingreso de la carne "por la dureza de nuestros corazones", pero ese no fue Su Plan, y desea restaurarlo todo como era "al principio de la creación".

"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." (1° Cor. 6:19-20) Si no ignoramos esta gran verdad, debemos crecer buscando siempre lo que Dios siempre buscó para nuestra vida: recuperar la imagen de Dios que perdimos cuando pecamos (Rom. 1:19-25). "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es." (1° Cor. 3:16-17)

Hay muchas otras cosas más que la Biblia dice sobre la salud, los alimentos y la dieta que desea para nuestra vida, pero lo iremos estudiando en los próximos post que vendrán! Y recuerden mis queridos amigos y hermanos en Cristo Jesús, "Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." (1°Cor. 10:31)


"Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo" (Gál. 1:3)

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